Descárgate el boletín Si la vida fuera una melodía - Melodía
Si escuchas una escala ascendente, esperas una nota ascendente también, pero, de repente, el compositor te sorprende con una tonalidad grave inesperada: ahí está la emoción y, por ende, la calidad musical.
Patrik Nilsi
Si la vida fuera una melodía universal, cada ser vivo sería un compositor que con su propio instrumento crearía variaciones, la complementaría y aportaría, en determinados momentos, sus silencios, sus solos, sus acordes... Las melodías, fruto de la aportación de cada uno, se uniría a la melodía esencial de la existencia creando una sinfonía armónica o disonante. Hay tres condiciones para que el resultado sea bello. Una, es preciso tener presente la melodía base.
Desoírla provoca desarmonía. Dos, podemos sorprender y dejarnos sorprender aportando o captando las notas inesperadas que embellecen la melodía de la existencia. Ahí está la emoción y la calidad de una vida. Tres, todos los seres vivos somos un equipo ¿qué sería de una orquesta en la que cada músico fuera a su propio aire desoyendo las instrucciones del director que marca el ritmo, da la entrada, silencia, pausa, marca el inicio y el final? El caos más absoluto./p
Así sucede con nuestra vida. A veces no estamos atentos a las señales; prescindimos de los demás músicos; intentamos ser los que hacen más ruido pensando que así nuestra melodía luce más; no permitimos los momentos de solo de los demás y nos sentimos celosos de ellos; queremos marcar el ritmo del grupo o pretendemos tocar la melodía de los violines cuando quizá nuestro instrumento sea el trombón; aceleramos cuando lo que suena es un adagio; nos sentimos insatisfechos del resultado. Realmente, podemos hacerlo mucho mejor.
¿Nos hemos preguntado acaso cuál es nuestro instrumento? ¿Cuáles son nuestras melodías? ¿qué ritmos podemos seguir y cuáles nos desajustan? ¿Hemos compuesto alguna pieza única o vivimos interpretando las melodías heredadas o antiguas? ¿Nos negamos a participar en la sinfonía conjunta temerosos de perder protagonismo? Nuestra vida no es un solo aunque hagamos solos en algunos momentos. A veces interpretamos duetos, cuartetos, o música de cámara suave; otras, participamos en una gran orquesta. Incluso cuando puede parecer que nuestro papel no tiene importancia, somos piezas clave para el éxito del conjunto.
¿Nos hemos preguntado acaso cuál es nuestro instrumento? ¿Cuáles son nuestras melodías? ¿qué ritmos podemos seguir y cuáles nos desajustan? ¿Hemos compuesto alguna pieza única o vivimos interpretando las melodías heredadas o antiguas? ¿Nos negamos a participar en la sinfonía conjunta temerosos de perder protagonismo? Nuestra vida no es un solo aunque hagamos solos en algunos momentos. A veces interpretamos duetos, cuartetos, o música de cámara suave; otras, participamos en una gran orquesta. Incluso cuando puede parecer que nuestro papel no tiene importancia, somos piezas clave para el éxito del conjunto.
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